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A menudo hacemos promesas para quienes apreciamos, tratando de menguar su angustia frente a una situación en particular, o quizás en algún momento un ser querido nos dio paz a través de esta valiosa palabra “te prometo”, y desde ese entonces esperamos pacientemente que esa promesa sea cumplida sin importar las circunstancias.
Cuando era niña solía pedir regalos de cumpleaños por adelantado, con la esperanza que mi papá me dijera: “te lo compraré” y yo inmediatamente diría: “¿me lo prometes?” y frente a esto mi papá respondería: te lo prometo; solo bastaba escuchar esas palabras salir de su boca e inmediatamente yo empezaba a contar los días para recibir mi obsequio, no había espacio para las dudas porque mi papá me había prometido, él había dado su palabra y yo le creía, sabía que haría cualquier cosa por cumplir su promesa.
Pasaron los años y sus promesas se mantenían, yo confiaba plenamente en él porque nunca me había fallado, hasta que en una ocasión por razones ajenas a su voluntad no pudo cumplir, a pesar de que intentó de todas las maneras posibles no pudo. Él prometió que me llevaría a cierto lugar que yo quería ir, y obviamente conté los días con mucha emoción, tenía la plena certeza de que mi papá cumpliría su promesa, pero llegó el día esperado y no sucedió. Mi corazón se entristeció tanto, sentía una gran desilusión, él me había dado su palabra, ya me había armado la película completa en mi cabeza y cuando no lo hizo, sentí como caía lentamente de esa nube, a pesar de que romper la promesa no fue su culpa, sentí un profundo dolor.
Humanamente sentimos dolor cuando alguien no cumple lo que nos prometió, nos sentimos defraudados y desilusionados porque habíamos confiado en esa persona que al final no logró cumplir su promesa, y aunque no haya sido voluntariamente faltar a su palabra, nos cuesta volver a confiar con los ojos cerrados porque ya existe un antecedente y hay una pequeña herida en nuestro corazón.
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Cada experiencia vivida nos lleva a aprender que todo alrededor puede fallar, que nada es perfecto porque la vida es impredecible, y aunque anhelamos profundamente que todo sea blanco o negro, a veces resulta gris con toques destellantes o simplemente se pintan colores que no esperábamos. En este transcurso entendemos que las promesas pueden romperse, que nos pueden herir de maneras involuntarias, que las personas a nuestro alrededor no siempre serán sinceras, que alguien puede rompernos el corazón en un momento, o simplemente que nuestros planes cambian por completo, todo esto puede ocurrir en un parpadear, ya que como humanos nos equivocamos y fallamos, porque ¿Qué sería de la vida sin errores cometidos, sin lágrimas derramadas, sin suspiros perdidos y sueños rotos?, sin tristezas y pequeñas desilusiones no seríamos lo suficientemente fuertes para enfrentar cada obstáculo que aparecerá frente a nosotros, no comprenderíamos el valor de amar con el corazón remendado, la valentía de volver a confiar aunque nos hirieron, o de planear aunque el futuro sea incierto. Todas estas cosas forman parte de la vida efímera que tenemos en esta tierra, sabiendo que la perfección humana no existe.
Los últimos 6 meses de este año han sido completamente extraños, meses que se convirtieron en eternos domingos , donde las horas pasaban lentamente alrededor pero que en el calendario corrían velozmente, días de temor en el que los noticieros nos decían que había un virus amenazando la humanidad y como consecuencia a esto nos vimos en la obligación de poner nuestras vidas en pausa, en ese entonces sentimos que perdimos el control de nuestro barco, no sabíamos qué hacer porque nadie nos preparó para este momento, nadie reservó su mejor ropa para guardar cuarentena extendida, ni nadie se despidió por última vez de su círculo de amigos, nadie vio venir este cambio drástico.
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Imagino que muchas veces la desilusión se hizo presente en tu corazón, quizás renegando contra Dios porque ésta dura prueba venía, quizás porque perdiste tu trabajo y no habían recursos monetarios para el sustento diario, talvez porque alguien cercano se enfermó y no pudiste visitarlo para darle ánimos, o porque tenías planes que no pudiste realizar; ahí en medio de ese momento de oscuridad pensaste que Dios estaba faltando a sus promesas, que se había olvidado de ti, que no escuchaba tus súplicas y que tus oraciones no estaban siendo contestadas porque no encontrabas la salida de ese largo túnel de oscuridad que cada vez se hacía más extenso y que no te permitía ver el final, y así poco a poco empezaste a perder la fe y a olvidar las maravillosas promesas que Dios nos ha dejado en su palabra, son tantas que recordarlas todas parece imposible, pero están ahí y Él no se olvida, Él jamás puede fallar porque es perfecto.
Dios nos dijo en su palabra que no nos dejaría y no lo hizo, aunque en este tiempo te sentiste solo en casa y no recibiste visitas, alguien oraba por ti en muchos lugares, te recordaba constantemente en sus oraciones y estaba contigo a la distancia aunque no lo supieras, también nos dijo que no habría espacio para el temor porque Él estaría con nosotros fortaleciéndonos y sosteniéndonos, y así fue, Él estaba ahí contigo en el viento que constantemente entraba por tu ventana, en el sol que cada mañana brillaba para ti, en la lluvia que caía con fuerza y que limpiaba tu patio, en las aves que cantaban cada jornada para ti recordándote que cada día es un nuevo comienzo, todas estas promesas las escribió con amor para nosotros, para que en momentos como éstos pudiéramos descansar y confiar, así como descansábamos en las promesas de nuestros padres cuando éramos niños.
Finalmente quiero recordarte una de las más lindas promesas que Dios cumplirá en tu vida a su debido tiempo, la encontramos en Jeremías 29:11 donde nos dice que Él sabe muy bien los planes que tiene para nosotros y todos son de bienestar a fin de darnos un futuro y una esperanza, y aunque esta promesa tarde Dios la cumplirá, Él lo prometió y nosotros solo tenemos la tarea de creerle, como lo hizo Abraham, que sin importar las burlas, sin importar las condiciones humanas en las que se encontraba él decidió esperar pacientemente en la promesa que Dios le había dado.
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No te digo que será fácil, la espera puede ser larga pero sus frutos serán de regocijo en nuestras vidas. Descansa en esas promesas divinas, porque, aunque tarde, Dios es fiel y la cumplirá, ten fe que sus planes son perfectos para ti.
Todos podrán fallarte, todos podrán hacerte promesas que no cumplirán, todos podrán herirte, todos podrán irse de tu lado, todos serán impredecibles, pero hay alguien que nunca falla, que cruza turbulentas aguas a tu lado, que te acompaña en tu soledad, que hizo promesas que sí cumplirá y que está esperando por ti y por mí en un lugar muy especial, solo espera pacientemente y confía que todo tiene un propósito, si Dios dijo que todo estará bien yo le creo.
En tiempos difíciles yo elijo confiar en las promesas de Dios escritas con amor en la biblia, ¿y tú?
Feliz semana, feliz espera.
Dios te bendiga.
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