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Una de las bendiciones más lindas de mi vida fue la oportunidad de visitar el Gran cañón, un lugar asombroso con paisajes increíbles y llenos de vida, en el que se puede observar las maravillas que Dios ha preparado para nosotros. Cuando llegué allá nunca me imaginé de la grandeza de aquella zona, de lo asombroso que sería pararse en lo alto, observar todo alrededor y sentirse diminuto ante tal majestuosidad.
En ese entonces estaba en Vancouver y tomaría un vuelo hacia Arizona para llegar hasta el Gran Cañón, así que muy emocionada preparé todo para aquella aventura que me esperaba y que Dios había preparado para mí, nunca me imaginé que algún día tendría el honor de visitar este parque considerado como una de las maravillas del mundo y que realmente es maravilloso.
Finalmente llegó la semana de viajar, tuve que ir hasta Bellinham, la frontera con Estados Unidos porque ahí tomaría el vuelo, así que una amiga muy querida me recogió un día anterior al viaje y me llevó hasta su casa para al día siguiente llegar con tiempo hasta el aeropuerto y no perder el vuelo. Todo parecía estar en orden, esa noche cruzamos la frontera llegamos a su casa, disfruté con su familia, planeamos los últimos detalles y nos fuimos a descansar.
Llegó el día esperado, mi vuelo saldría a las 3pm y por ser un vuelo nacional solo tendría que estar 1 hora antes en el aeropuerto, mi amiga tenía todo preparado, ella salió esa mañana a su trabajo y yo me quedé con su madre para luego encontrarnos unas horas antes de abordar y despedirnos. Todo parecía marchar bien durante la mañana, tenía todo listo y empecé a subir mi equipaje en el carro, ultimando detalles para salir de la casa, y según yo todo estaba bajo control, solo me faltaba llegar al aeropuerto y volar hasta la aventura que empezaría a disfrutar en pocas horas.
Uno de los errores del ser humano es creer que tiene todo controlado, que puede hacer planes y nada va a fallar, pero ¿qué sucede cuando nuestro plan A no resulta? ya que Dios tiene otro plan para nosotros, aunque no entendamos el motivo, o ¿qué sucede cuándo nos damos cuenta que nuestra manera no es la manera de Dios? Es frente a estas experiencias cuando realmente sale la mejor o peor versión de nosotros, porque nadie está listo para las desventuras o decepciones, nadie prepara su corazón para un plan B cuando la emoción se ha apoderado de nosotros.
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En estos momentos necesitamos suficiente humildad y valentía para decir: Señor, lo acepto, se hará a su manera, es ahí cuando inclinamos nuestra cabeza, cerramos nuestros ojos rindiéndonos en oración y reconociendo que no somos nada, que Dios busca perfeccionarnos en cada detalle porque somos arcilla en sus manos y está moldeándonos para sacar la mejor versión de nosotros.
Una vez listas para salir de la casa, la mamá de mi amiga me pregunta si tenía todo listo, empezó a nombrarme: equipaje, comida, chaqueta, almohada para el viaje, pasaporte. Cuando llegó al pasaporte dije sí inmediatamente porque yo suelo ser muy precavida y estaba consciente que lo tenía en el bolso, para asegurarme que estaba en lo cierto, confiadamente fui hasta el bolso y al buscar entre las cosas, no estaba, mi pasaporte no se encontraba donde yo pensé que estaría. No me desesperé inmediatamente porque pensé que quizás lo encontraría en mi chaqueta, revisé y no estaba, poco a poco empecé a desesperarme porque recordaba que la noche anterior presenté el pasaporte para cruzar la frontera y lo guardé en mi bolso, estaba totalmente segura, no podía entender por qué no estaba en el lugar que yo con firmeza sabía que lo había dejado; con la esperanza que estuviera en el dormitorio de mi amiga fui corriendo a buscar entre las cosas y tampoco lo hallé, desordené todo con la última expectativa de encontrarlo en el piso o entre las cobijas, pero no.
Fui corriendo al carro y le dije a la hermana que no lo encontraba, con el corazón a mil estaba aterrada, porque sin ese documento no podría viajar ni regresar a mi hogar en pocos meses. Al ver mi rostro de pánico la hermana dijo que iríamos hasta el trabajo de su hija, buscaríamos en el carro de ella y que seguramente estaría ahí, estas palabras me dieron algo de consuelo pero no totalmente, empezaba a perder la calma, la fe, la angustia me embargaba y la tristeza se reflejaba en mi rostro, no podía entender ¿por qué?, había esperado ese viaje con ansias, preparé todo con tiempo, mi mente ya estaba Arizona, ya me había adelantado a todo y no consideré que nuestros planes pueden cambiar o que incluso a veces la emoción hace que olvidemos dar las gracias a Dios, quien permite que cada bendición llegue.
Creemos tener el control en las manos, pero no, muchas veces Dios quiere ver nuestra reacción frente a las situaciones que tenemos al frente, quiere saber si estamos preparados a disponer nuestro corazón para seguir su plan con felicidad pese a que no era lo que queríamos o si sentimos depresión pensando que Dios no está de nuestro lado.
Recuerdo a Moisés, quien estaba siendo educado para ser el próximo faraón y mientras crecía quizás vivía con esa ilusión en su corazón de que pronto gobernaría la ciudad, siendo la máxima autoridad y que todos se postrarían ante él, creyendo que para eso había nacido, que esa era su misión en la vida; pero algo que él no había considerado en sus planes es que Dios, quien lo cuidó de haber sido devorado por los cocodrilos tenía un plan distinto para él y que necesitaba la suficiente humildad para rendirse y dejar de lado sus deseos. Tuvo que haber un hecho imprevisto para que él huyera y estuviera en el lugar donde Dios lo quería para trabajar con él, donde lo moldearía y lo formaría para ser el liberador del pueblo de Dios.
Pudo haber sido difícil al inicio entender y aceptar que no había venido al mundo para ser el próximo faraón, que tendría que renunciar a sus sueños y dejar quien era completamente para que Dios levantara un nuevo Moisés, quizás el renegó al principio porque le dolió aceptar que dejaba su vida de lujos para ir a vivir al desierto con personas que nunca esperó, pero todo este proceso lo llevaría hasta su propósito eterno.
En ese momento de decepción, yo solo pensaba ¿por qué?, me repetía mil veces ¿por qué si Dios había permitido este viaje, tuve que perder el documento que me llevaría a disfrutarlo?, en mis pensamientos no había espacio para otra cosa más que el reproche, me sentía decepcionada.
Al llegar al carro de mi amiga buscamos incansablemente por unos minutos y el pasaporte aún no aparecía, ya había perdido esperanza alguna, me había hecho a la idea que el viaje se cancelaba y que todo había sido una falsa ilusión.
Me subí al carro de regreso y empecé a llorar, puede parecer superficial sentirse de esa manera porque se perdió un documento que puede ser reemplazado por otro, pero es lo que sucede cuando nos sentimos decepcionados, lloramos, renegamos y no miramos más allá, no nos preguntamos cuál será el propósito detrás de esto, nos olvidamos que nuestros pasos siempre son direccionados por alguien que ya conoce todo acerca de nosotros y quiere demostrarnos que Él está ahí, quiere que vayamos y le busquemos en esos momentos en donde la esperanza se ha ido, porque es difícil adorar en la prueba, es difícil entender que el dolor tiene un propósito en nuestra vida, duele entender que cada situación nos moldea para llegar a tener el carácter de Jesucristo.
Cuando la mamá de mi amiga se subió al auto ella me dijo: "Karen no te desesperes, Dios sabe dónde está el pasaporte, no hay de qué preocuparse. Hace algunos días mi esposo perdió su anillo de bodas, no recordaba dónde lo había puesto porque su mente humana es olvidadiza, así que fue y oró a Dios pidiéndole que pusiera en su corazón donde estaba el anillo, y finalmente lo encontró. Ahora haremos lo mismo, Dios sabe dónde está, tu no recuerdas, pero Él camina contigo a diario y sabe dónde se cayó ese documento, oremos que Él ponga en tu corazón el lugar donde vayas a buscarlo y ahí estará”
Oramos y en mi corazón con sinceridad dije: Señor, tu sabes cada cosa de mí, tú caminas conmigo a diario, tu viajabas conmigo ayer y sabes dónde está ese documento, por favor coloca en mi corazón el lugar donde debo ir a buscarlo para que yo pueda viajar.
Estas palabras salieron de mi corazón contristado, ya no sentía frustración, al contrario empecé a sentir paz. Tomamos el camino de regreso a casa, el trayecto más o menos era de 10 minutos, al llegar a casa la hermana estacionó su auto y apenas apagó el motor algo vino a mi corazón que buscara debajo del árbol que estaba al frente de la casa. Me bajé y corrí hacia el árbol y el pasaporte estaba ahí, era de color café, el mismo color de la tierra y a pesar de que la noche anterior había llovido el documento permanecía intacto. No logro entender por qué el pasaporte estaba ahí, ya que el día anterior mi amiga había estacionado el carro a varios metros de distancia del árbol, no había manera de que al bajar se hubiera caído ahí.
Viajé, disfruté y medité en lo que sucedió aquel día, Dios no se había olvidado de mí, Él quería mostrarme que está a una oración de distancia, no importa que tan simple puede parecer lo que necesitemos Él está esperando para contestar nuestra petición, quiere ser lo principal en nuestra vida, que en momentos de desesperación corramos hacia Él sin dudar, entendiendo que sus planes siempre serán mejores que los que nosotros teníamos, quiere que haya la certeza en nuestro corazón que todo alrededor puede cambiar, que nuestros planes cambian a diario, que todo es impredecible, pero que lo único que permanece para siempre es su palabra, sus promesas y su amor.
Si te encuentras en un momento así, donde piensas que tus sueños se vinieron abajo y empiezas a cuestionarte por qué, empieza a cambiar ese por qué en un para qué, ¿qué quiere Dios cambiar de mi? ¿qué me está enseñando esta prueba? Después de esto encontrarás las respuestas que buscas y el camino correcto.
Deja que Dios te sorprenda y cuando tus planes cambien solo di: Señor, se hará a tu manera.
Deseo que tus planes cambien tanto como Dios lo quiera, para que sus planes sean el centro de tu vida.
¡Dios te bendiga!
Con amor,
Karen Stefanny Jama
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