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En la desesperación...

Foto del escritor: Karen Stefanny JamaKaren Stefanny Jama

Actualizado: 31 jul 2021


Recuerdo un sinnúmero de veces haber tomado el autobús equivocado, que sin darme cuenta me llevaría a un destino errado y al llegar entraría en pánico porque no sabía dónde estaba, creo que más de uno de nosotros hemos vivido esta experiencia en nuestra vida.


Cierto día, en una ciudad que no era la mía, dónde las personas no hablaban el mismo idioma que yo, y para hacerlo más trágico no tenía línea telefónica porque aún no había adquirido un plan de teléfono, me perdí, y ese día quisiera borrarlo de mi memoria porque me da nostalgia recordar ese momento, pero a la vez, lo guardo como un tesoro entre mis memorias porque aquel día Dios no me abandonó y me mostró el camino de regreso.


Habían pasado varios días desde que llegué a ese lugar y tenía que movilizarme a la escuela, para lo cual ya había establecido una ruta el día anterior y sabía que bus tomaría, ya tenía todo planeado para evitar perderme, pero no fue así; resulta que tomé el bus equivocado que me llevó a otro lugar del que no tenía ni la menor idea, eran calles desconocidas, centros comerciales con nombres que no recordaba.

Al llegar ahí me bajé asustada porque no reconocía nada, miré a mi alrededor y solo había personas desconocidas que hablaban otro idioma, miré mi teléfono quizás buscando consuelo, aunque sabía que no tenía señal, aun así tenía la leve esperanza de que un milagro haya sucedido con mi celular, pero nada, minutos después de evaluar las posibilidades a mi alcance entré en pánico porque mis recursos humanos eran escasos, así que como último intento de encontrar una salida por mí misma corrí hacia la calle principal a ver si podía visualizar algo conocido, pero no, realmente estaba perdida, no sabía dónde me encontraba y las ganas de volver a casa se apoderaban de mí porque estaba empezando a anochecer.


Durante varios segundos esperé, mirando hacia todos los lados tratando de buscar respuestas o una salida, pero nada, los minutos pasaban, el sol se ocultaba y yo seguía en el mismo lugar mirando para todos los lados en busca de respuestas.

Después de luchar y tratar de encontrar una solución, me rendí y dije en voz baja: “Dios mío ayúdame, sola no puedo, permite que encuentre el camino de regreso”, estas palabras salieron de mi corazón en desesperación, reconociendo que sola no podía hacerlo y que necesitaba de ayuda.

A veces el ser humano cree resolver todo por su cuenta cuando no es así, muchas veces precisamos de una ayuda, de alguien que nos alumbre el sendero para seguir, y ese es Dios, que está atento a nuestra vida, a cada decisión que tomamos, a cada dolor que sufrimos o a cada alegría que celebramos, Él está en silencio esperando que le busques, que le invites a ser parte de tu vida y de tus decisiones, porque solo no podrás.


Pasaron unos minutos, la desesperación poco a poco empezó a desaparecer, como si de pronto no me sentía perdida, puse mis pensamientos en paz recordando que el creador del cielo y de la tierra, el mismo que guió al pueblo de Israel por el desierto durante mucho tiempo, el mismo que dirigió los pasos de los dos jóvenes espías a la casa de Rahab, el mismo que alimentó a Elías en una cueva, es el mismo Dios de ayer, hoy y por lo siglos, es el mismo que podía ayudarme en esa situación.


Mi voz de angustia y mis lágrimas trajeron a Dios a la escena en ese momento, es como si de pronto conociera el camino, como si supiera dónde estoy, como si nunca hubiera estado perdida sino solo confundida. Me levanté y miré alrededor, caminé hacia la estación y efectivamente el bus correcto venía en camino.

Quizás puede parecer algo insignificante, porque muchas veces nos hemos perdido y luego caminamos hasta que por fin encontramos el camino, pero en ese momento todo jugaba en mi contra y al llegar a casa reflexioné sobre lo que sucedió, entendí que Dios estaba llamando mi atención, yo necesitaba entender cuán débil e insignificante soy cuando no voy de la mano de Él, cuán triste me puedo sentir sino lo pongo como mi prioridad, cuán perdida me puedo sentir sino lo pongo a Él como mi guía, y sí, era necesario ese momento para reconocer que sin Dios nada soy y que a veces la solución a todo está en una oración sincera.

Las escenas de aquel día y la sensación de sentirme a salvo después de orar a Dios, vienen a mi mente cada vez que me siento perdida y sin rumbo, cada vez que no sé dónde está el norte o el sur de mi vida, cada vez que las dudas se apoderan de mí, cada vez que considero que mis decisiones no fueron las correctas y me subí en el autobús equivocado, cada vez que no sé qué sucederá en mi vida, entonces recuerdo aquél día que me sentí igual y bastó solo una oración sincera y el clamor de mi corazón para saber dónde estaba.


Esos momentos tensos de nuestra vida son los que nos llevan a buscar a Dios de corazón, a pedirle ayuda y dirección, a decirle que solos no podemos más y que precisamos de su pronto auxilio para cruzar las densas nubes que se han apoderado de nuestra vida, y ahí en medio de la desesperación podemos escuchar su dulce voz audible dándonos la solución y la salida, siendo nuestro faro cuando el barco está en alta mar.


No olvides que la brújula de nuestra vida es Dios, y que para saber el rumbo de nuestra vida basta solo con orar.


Gracias por leer este artículo que fue hecho para ti.


Con Amor,


Karen



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