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Siempre he admirado la manera en que los árboles cambian de color, las hojas se caen y las flores se vuelven hermosas. Es como si tuvieran un reloj incorporado que les anuncia cuándo es tiempo de florecer, de mudar o cambiar, es tan mágico que los seres humanos somos privilegiados de observar este hermoso espectáculo que la naturaleza nos regala. ¿Te imaginas qué sería del verano sin la primavera o del invierno sin el otoño? Cada estación tiene un propósito, cada una es única, especial y tiene un objetivo durante su tiempo. No me imagino a las flores negando el verano porque el sol es intenso y quema o en invierno a las aves quejándose porque no pueden volar. Así cada etapa es importante en nuestra vida, éstas preparan nuestro corazón para las cosas que vendrán; pueden ser felices, tristes, de desespero, no lo sé. De lo que si estoy segura es que, si Dios cuida de las aves en invierno, de los árboles en otoño, de las flores en primavera y de los ríos en verano, cuidará de mí en cada etapa, en cada proceso y cada cambio. No desespero, espero; no lloro, sonrío; no corro, camino, porque mis tiempos están en sus manos. Deseo que florezcas en tu tiempo y disfrutes el proceso como lo hace la mariposa mientras es oruga. Quizás el invierno dure más de lo planeado, pero cuando llegue el verano habrás aprendido la lección que la estación pasada quiso enseñarte.
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